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18 de noviembre de 2015

El pequeño libro rojo

El pequeño libro rojo / Philipps Brasseur
Editorial: Océano Travesía
Año: 2011, 1a ed en español (original 2008)
28 p.
Por N. Escalante

El pequeño libro rojo no es exactamente otra versión de Caperucita Roja sino que es una parodia irreverente sobre el  libro como objeto valioso y la historia por todos conocida de Caperucita Roja. En esta obra el protagonista es el “libro rojo” aunque con un final no tan feliz.

El autor nos ofrece dos historias paralelas: en las páginas pares nos presenta la historia de una ratoncita maestra que enseña a los ratoncitos como debe tratarse un libro emulando un poco la idea de que a los que les gustan los libros son reconocidos como ratones de bibliotecas. En las páginas impares se cuenta otra historia, aquí aparece la pequeña Caperucita Roja un poco diablilla que debe llevarle un libro a su abuelita, en el camino manipulara el libro de diversas maneras (podríamos decir que hasta de formas muy provocadoras).

30 de mayo de 2014

Lazos del pensamiento

El profesor Sergio Dalbessio, generoso como siempre, nos trajo un ejemplar de una hermosa experiencia realizada con chicos del Instituto Especial niño Jesús de Colonia Caroya. Los invito a leer lo que él escribió sobre ésto y a pasar por la biblioteca para poder disfrutar de este libro que llena el alma. 



23 de septiembre de 2013

Siempre Julio Verne

Comparto este artículo sobre Julio Verne:


Mi Verne de ayer, mi Verne de hoy
IRENE VASCO


Hablar de Jules Verne es hablar de muchos idiomas, de muchos mundos, de viajes. Es ir hasta el centro de la Tierra, a la Luna, al otro lado del universo en barco, globo, cohete o submarino. Hablar de Julio Verne es afirmar que este autor llevó a los jóvenes de varias generaciones por recorridos insospechados en su época. Hice parte de esos millones de lectores del siglo XX.
A lo largo de la vida de Verne, apenas se asomaban al mundo la máquina de coser, el revólver, el telégrafo, la anestesia (¿quién de ustedes se dejaría sacar una muela sin anestesia?), el dirigible, el ascensor, el fútbol, el metro, la fotografía, el teléfono, los bombillos eléctricos, el fonógrafo, la máquina de escribir (seguro los más jóvenes nunca han visto una), los chicles, el submarino, el automóvil, los patines, la bicicleta, las gaseosas, la motocicleta, el cine y la radio. El primer vuelo en avión se realizaría apenas dos años antes de la muerte de Verne.
Cuando nací, todo esto ya existía. Pero en mis lecturas infantiles de la obra de Jules Verne, sentía que este autor tenía una mirada visionaria que le permitía acelerar el curso de la historia y adelantarse al tiempo.
La verdad es que Verne no era tan visionario como se dice. En la Europa del siglo XIX, el tema de la ciencia estaba de moda. Los viajes de exploración se multiplicaban y los inventos marcaban el interés del mundo entero. Francia hacía grandes aportes en este sentido. El espíritu colonialista y mercantilista obligaba a abrir nuevos mercados y eso significaba conquistar territorios e inventar nuevos productos.
Jules Verne nació el 8 de febrero de 1828 en Francia, en Bretaña, para mayor exactitud. Esta es una aclaración importante pues, al igual que en Colombia, los franceses son regionalistas y hablan con orgullo de sus costumbres locales.
¿Qué libros leyó cuando niño, qué paseos hizo, a qué jugó? Eso no lo sabemos pues Verne se negaba a hablar sobre sí mismo. Como él mismo decía, “la historia de mi vida no tiene ningún interés, el relato de mis viajes tampoco, un escritor sólo interesa a su país o al mundo entero en cuanto escritor”. Por eso son pocas las biografías.
Encontralos en nuestra biblioteca
A pesar de su discreción, sabemos que Verne nació en medio de una familia burguesa, con tradiciones arraigadas. Éstas marcaron el destino del niño Jules, quien, desde pequeño, escribía versos de amor a su prima Caroline y obritas de teatro para ser representadas por marionetas.
El carácter bretón de su padre tuvo gran influencia en su educación. Pierre Verne exigía que su hijo fuera abogado como él y que heredara su bufete. Este fuerte padre se convirtió en uno de los héroes más recurrentes en la obra de Verne. Los protagonistas de sus novelas fueron hombres aventureros, intrépidos, perseverantes, inteligentes, recursivos, orgullosos.

28 de agosto de 2013

Los cuentos hacen bien

Comparto esta interesante nota sobre las bondades de los cuentos clásicos analizados desde distintos aspectos. Publicada en el  diario La Nación el 11/08/2013

¿Por qué los cuentos hacen bien?

Había una vez, en un tiempo sin tiempo, un mundo de cuentos. Cenicienta, Blancanieves, Verdezuela, Piel de Asno, Caperucita Roja. Cientos de historias de príncipes y princesas, de bosques oscuros y peligros milenarios, y, sólo de vez en cuando, de alguna hada buena entrecruzada con una bruja aterrorizante; historias de transformaciones pensadas para que exista siempre la esperanza final, la posibilidad eterna de salir a la luz. Los ojos atentos del niño que espera, como un bálsamo, las palabras de un padre, una madre, una abuela, una tía o una maestra que lo sumerjan en el mundo de los cuentos, donde los malos tienen su castigo y los justos su premio, y al final, siempre triunfa el bien.
Distintas corrientes filosóficas y psicológicas rescatan la relación de niños y adultos con estos relatos universales: de eso se ocupan maestras jardineras, psicólogos, escritoras, docentes y psicoanalistas, en algunos casos impartiendo seminarios sobre la temática.